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jueves, julio 29, 2010

Encontré un relato corto de Chéjov




"Un hombre, en Montercarlo, va al casino. Gana un millón de pesos. Vuelve a su casa y se suicida"

Antón Chéjov


sábado, junio 19, 2010

Aplastamiento de las Gotas - Julio Cortázar



Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.


Julio Cortázar

"Aplastamiento de las Gotas"

Historias de Cronopios y de Famas.

viernes, febrero 26, 2010

También soy claustrofóbica

Hoy me encerré en un cuarto a oscuras intencionalmente. De verdad, no quería preocuparte, pero hay veces en que es necesario desaparecer. Hace algún tiempo que me sentía sedienta de soledad, y la logré saciar.
Lo sé, encontré mucho más que soledad, encontré lágrimas, monstruos y ratas. Un hostil olor a encierro me abrazó, y comencé a llorar entre gritos inconcientes de claustrofobia. Me ahogué con mi propio vómito de miedos.
Disculpa, no quise preocuparte. Sabía que esto sucedería, es por eso que decidí esconderme. No quería que me vieras así. Pero ahora ya estoy mejor, ahora será hasta el próximo mes. Esto es como menstruar.

Paz Danae Oyarzún
Darkenia

miércoles, febrero 03, 2010

La verdad dentro de un soldado


Estábamos en plena guerra, en la Primera Guerra Mundial, la tensión se podía ver, sentir, oler y tocar. Todo era impredecible, todo cambiaba a cada instante. Unos morían, otros se salvaban; unos ganaban, otros perdían. Así se pasaba el tiempo en la primera gran Batalla de Marne en 1914.
Yo era soldado francés, tenía 24 años cuando comenzó la guerra; y mi verdad es que siempre sentí miedo durante las batallas, hasta ahora, que agonizo por consecuencia de éstas. No tengo padres, ellos murieron hace años, ni siquiera sé la causa de su muerte pues yo sólo tenía 3 años cuando ellos dejaron de existir. Pero tengo un hermano que no he vuelto a ver desde que comenzó la guerra. Espero poder ver a mi hermano antes de morir, estoy seguro de que él está vivo, o por lo menos eso me dice mi extraña conexión con mi gemelo.
La Batalla en Marne comenzó por combatir la famosa estrategia del ejército alemán llamado Plan Schlieffen. Este plan fracasó, pues este consistía en atacar a Francia a través de Bélgica, pero el ejército belga puso tal resistencia que cuando llegaron los alemanes a Francia pudimos con ellos. Luego de esta guerra, comenzó la llamada Guerra de posiciones. En esta guerra se ocupó como estrategia principal las trincheras, lugar físico donde la vida pasaba lenta, tensa, triste y pestilente. Fue allí donde muchos de mis compañeros perecieron, allí mismo donde yo seguía vivo sin ganas de vivir, donde mi vida sólo servía para matar a otros.
No puedo comprender cómo algunos son felices quitando vidas, no lo puedo entender. ¿Cómo un ser humano puede estar orgulloso de matar a otros? Nacionalismo exacerbado y mal guiado, esa es la única respuesta que se me viene a la mente cada vez que me pongo a pensar en esto. Yo no soy nacionalista, nunca lo seré y nunca seré parte de esta nación que se dedica a matar a otra nación, un humano que mata a otro humano. Si esto llega a ser leído por algún militante francés, me mataría de una vez, no lentamente como estoy muriendo en este instante.
Mi vida comenzó a decaer desde esa guerra, la Guerra de Posiciones, o también llamada la Guerra de Trincheras en 1915. Durante esta larga y ardua batalla hicieron presencia monstruosos armamentos, tales como ametralladoras capaces de matar varios soldados de una vez. Granadas que hacen gran ruido y explosión. Tanques, este sí que era un verdadero monstruo gigante, oscuro, destruía todo a su paso y podía atacar a grandes distancias. Todo esto era mucho para mí, demasiado impactante, ese no parecía el mundo donde estuve acostumbrado a vivir, estaba rodeado de seres ruidosos y horribles.
Pero sin duda el más horrible, inhumano, letal y silencioso monstruo fueron los gases tóxicos como “El Gas Mostaza”. Este mortífero gas es el que me tiene postrado en cama desde 1915. Cuando yo y otros soldados atacábamos desde las trincheras, las ofensivas alemanas nos lanzaron bombas que en su interior contenían este pernicioso gas. Yo y los demás soldados corrimos sin pensarlo, pero el gas era tan oleoso y pegajoso que el escapar no servía de nada.
Fue así que 24 horas luego del ataque, manifesté los extraños efectos del gas y los que me tienen ahora agonizante. Estoy perdiendo la vista, tengo irritación y dolorosas ampollas sobre la piel. Y no sólo por fuera se ven los síntomas, sino también dentro de mí, pues a ratos vomito sangre. Me duele todo mi interior, hasta mis pensamientos. Me duele morir así, me duele haber sido soldado de la Primera Guerra Mundial, me duele no haber sido feliz. Y lo único que pido antes de morir, es que guardes este escrito, hermano. Sé feliz, ojala sobrevivas de esta guerra.
Ninguna nación será vencedora o vencida, pero el único trofeo que verdaderamente se ganó fue miles de cadáveres sin vida.

Redactado por: Paz Oyarzún
("Darkénia")

Imagen: Lorddufay
http://lorddufay.deviantart.com/art/War-15891494

sábado, octubre 31, 2009

¿Dulce o Travesura?

Una noche cálida, de un feriado impuesto el pasado año 2008. Una noche en tinieblas, horror, sangre y seres misteriosos de una anglosajona tradición. El día del mundo evangélico, y de pequeños con sus rostros pálidos, vestidos de negro y sangre hecha con tempera: La noche del 31 de octubre.


<< ¿Dulce o travesura? >> dicen los niños en la puerta de cada casa, entre risas, pasos cortos y dulces de color naranjo. Algunos atienden a su chillón llamado, regalando caramelos. Otros, lejos de la tradición extranjera, simplemente no salen y son víctimas una ingenua travesura infantil.

Un pequeño grupo de niños, compuesto por tres espeluznantes disfraces toca tímidamente la puerta de una casa en Santiago, claro que sin olvidar de pronunciar su frase apocalíptica. El habitante de aquel hogar atiende: Una amable señora y su marido.

- ¡Qué disfraces más creativos! - Dijo la amable señora con sobrepeso, dando dulces a las tres misteriosas criaturas. El marido, asomándose al umbral de la puerta, saluda amistosamente haciendo un gesto con la mano.

- Estoy tan cansada ¿Por qué no nos vamos a casa?- Dijo una dulce voz que pertenecía a una niña disfrazada de muñeca de trapo. Sus dos acompañantes no respondieron.

- Si quieren, pueden pasar a descansar unos minutos - Dijo la señora dueña del hogar. Los niños se miraron entre sí, con sus rostros inexpresivos y aceptaron la invitación. Las criaturas penetraron en aquel hogareño lugar, cruzaron el umbral de la puerta, muy juntos y sumisos, tomando asiento en el sofá más grande. Al cerrarse la puerta, los chicos dibujaron en sus rostros una cómplice sonrisa.



En ese instante, se produjo un pequeño corte de luz, un apagón de segundos y los tres pequeños ya no estaban en el sofá. La niña muñeca de trapo estaba al lado de la señora con sobrepeso, y el otro pálido chico estaba junto al señor de la casa. El niño más alto que tenía aire de superioridad, estaba acostado cómoda e irónicamente en la mesa del comedor.



- ¡ Así comienza la diversión! - dijo con aire chistoso el niño que estaba sobre la mesa con la luz a medio voltaje. Entre apagones como luz intermitente, las criaturas estaban en un lugar y luego aparecían en otro, mientras bailaban y cantaban una canción entre gemidos y risas:

<<Trick or Treat

La la la la la

Trick or Treat

La la la la la>>

Y los rostros del matrimonio estaban llenos de pánico. La cara obesa de la señora en estado de shock, que ya gritos entrecortados emitía. La casa se convirtió en una fiesta del terror, gritos desesperados, risas siniestras, una canción infantil, de bailes y rondas sin fin.



Un reloj cucú, que nunca ha pertenecido a la casa, marcó la media noche. La música se silenció, las criaturas se paralizaron, la luz volvió a su estado normal y todo se detuvo.

- Exorsist - Dijeron los tres al mismo tiempo, como un coro infernal. La casa comenzó a experimentar una extraña transformación, los muebles desaparecieron, apareció una mesa de forma de ataúd matrimonial en el centro, sólo una minúscula ampolleta blanca iluminaba la silenciosa habitación y el matrimonio calló como del cielo sobre la mesa en cuestión.

Los tres engendros se acercaron a la pareja de aterrados, mirándolos sonrientes, llenos de ironía, conspirando lo peor bajo sus sicópatas psiquis. Dos de los niños se ubicaron en cada extremo de la mesa, la niña aguardaba un poco más alejada.

- Tijeras - dijo uno de ellos, y la niña volvió con una tijera para cada uno.

Descontrolados ambos niños, destrozaron la ropa de sus víctimas. - Maquillaje - dijo el otro y la niña apareció con polvos y lápices para demacrar los rostros llenos de pavor y confusión del matrimonio. - Manos - volvió a decir uno de los pequeños monstruos y presionó un botón de la mesa. La mitad de la seudo camilla se inclinó y del oscuro cielo comenzaron a bajar cuatro manos esqueléticas que cortaron y enredaron el cabello del hombre y la mujer. Los gritos desenfrenados de la pareja parecían sinfonía para el deleite de los tres engendros.

La mesa volvió a su estado normal pero unas correas salieron de ella y amarraron a sus víctimas de manos y pies. Los tres escondieron sus rostros en la sombra de su malgastada cabellera y juntos dijeron " Exorsist". En ese mismo momento, el niño con aire de superioridad se acercó a la mujer e introdujo su mano en el pecho de ella, atravesando su cuerpo, propio de un ser omnipotente. La expresión de pavor de la señora se paralizó. La criatura ahora divina extrajo del cuerpo un objeto luminoso. - Alma - dijo el pequeño ser.

Lo mismo ejecutó el otro niño con el hombre. Las almas adultas de los mortales las guardaron en un cofre donde yacían muchas otras almas. La niña con aire profesional guardó el cofre y trajo otro que tenía de rótulo " Almas infantiles". Ella se dirigió hacia ambos niños con el cobre en sus manos y cada uno sacó un alma del interior para introducirla en los cuerpos sin vida. La pareja comenzó a moverse, a pestañar, como si hubiesen despertado de un largo sueño. El aspecto adulto de ambos cambió a ser el de unos auténticos niños disfrazados para una noche de Halloween.

De esta manera, la fiesta del terror continuó, pero no solo para los tres misteriosos pequeños, sino para cinco niños siniestros, que seguirán cada 31 de octubre, multiplicándose y tocando tímidamente cada puerta de la ciudad de Santiago, para decir entre risas <<¿Dulce o travesura?>>.



Cuento con el que gané el Segundo Lugar en el concurso de Cuentos Duoc 2008

Paz Oyarzún

Darkénia



sábado, septiembre 12, 2009

Amorfismo

Amorfismo. Es la capacidad del objeto merecedor de amor en deformarse. En convertirse en algo sin forma, amorfo    ¡sí! tal como tú lo experimentaste.
Te amé, lo fuiste todo para mí. Fuiste un mundo nuevo, lleno de rarezas por descubrir; tal como yo lo fui para ti. Hasta que lo descubriste todo, ya no había más. Te aburrí de mis cotidianas extrañezas, y te fuiste. Me dejaste sola en mi mundo, y sin embargo, yo sigo en el tuyo; aunque no pertenezca a allí, huyo entre tus laberintos para que no me exilies.
Vivo dualidades, tú mundo y mí mundo, pero ya no los puedo fusionar. A diario corro entre tus prados, levanto las piedras, nado entre tus ríos... tratando de hallar tus caricias, tus besos y esas escazas palabras de amor. Hasta excavé un gran agujero y no encontré nada. No encontré tu gusto por lo exacto, ni tu perfeccionismo; no encontré tus canciones favoritas ni tus gustos excéntricos al comer. No encontré tu risa, ni tus lágrimas, ni tus deseos por mi cuerpo. Ya no hay nada, ni el rastro de lo que fuiste. Ya no son las mismas sombras, ni sueños, ni gustos ¡ nada ! Eres otro. Otro mundo. No es el que amé.
Aquí adentro todo se deformó, ya no están esas nubes de colores, ni atardeceres púrpuras. Ya no está la luna, ni lluvías dulces ¿Dónde se ha ido todo? Me angustio. Corro, lloro, caigo, grito, sangro y vuelvo a gritar. Abro los ojos, y veo que todo lo amé mutó, se deformó. Amorfismo.
Me acerco a un acantilado que se acaricia con un mar claro-oscuro. No pienso y me dejo caer, cegada por mis lágrimas - te amé - dicen mis labios por última vez.
...Y morí dentro de ti, en tu mundo. Me ahogé en el mar de tus antiguos gustos, tus antiguos sueños, tus antiguas promesas, en tu pasado. Me ahogé en el Pablo que existía ayer.

Paz Oyarzún
Darkénia


viernes, agosto 14, 2009

Mundo onírico

Esa mañana me levanté temprano. Me apresuré en vestir y en tomar desayuno. Salí desaforada del interior de la casa, pero cuando empecé a pensar en algún rumbo no sabía a donde ir, ni porqué salí tan impulsivamente. Sólo era yo sobre el pavimento de las calles de Santiago.

Mis pies daban pasos porque sí. Nada tenía sentido. Era una escena en blanco y negro, incluso lo blanco parecía gris. Una fría brisa golpeaba mi rostro, desordenaba mi cabello, me congelaba la nariz.

<<Av. La Paz>> Esa calle siempre me dio miedo, deambulaba gente pobre, borrachos, abandonados y gente que huyó del psiquiátrico. Pero esta vez, no había nadie. La calle estaba totalmente vacía, no pasaba nada que tuviera vida. No circulaban vehículos, ni se divisaba gente en las ventanas de los edificios. Nada tenía vida. Era yo y la soledad.

Seguí avanzando por las veredas. Me sentía angustiada. Caminaba a paso ligero. Miré varias veces hacia atrás, sentía como si alguien o algo me persiguieran. Pero no había nadie ni nada.

A lo lejos percibí aquel onírico lugar. Ese que será el futuro de todo mortal "El Cementerio General de Santiago". Amaba ese sitio. Su aspecto me llevaba lejos, me hacía volar. Esa bienvenida digna de la Antigüedad Clásica, me hacía sentir como si me introdujera en una burbuja, de la cual no quisiera salir jamás.

Sentí una mezcla entre angustia y alegría infantil, como una niña que llora durante horas para conseguir algo, que finalmente lo obtiene y logra sonreír.

Caminé por esos oscuros pasillos. A paso muerto hacía zig-zag entre los pilares. Sentía que las lágrimas me ahogaban, sin embargo, no lloré.

Comenzó a llover. Sentí un extraño impulso interior. Y grité, y lloré, reí, corrí, y salté. Caí, me levanté, sangré. Bajo la lluvia parecía poder liberarme de un gran dolor o de una gran alegría. Por primera vez, vomité mis emociones.

La lluvia cesó. Todo se volvió en calma. El silencio y la paz llegaron tan hirientes como siempre. Me sentí triste otra vez. Todo volvió a ser blanco, negro y a ratos gris. Alcé la mirada al cielo y entre las oscuras nubes. Descendía un columpio de verdes enredaderas.

Quedé boquiabierta. Mis ojos desorbitados. No sé en qué momento lo onírico y la realidad se mezclaron, pero el columpio avanzaba hacía mi, lentamente. Todo parecía real, pero no sabía si era cierto, o era mi subjetividad que me tenía desquiciada. Más aún, desde lejos, comencé a oír una orquesta sinfónica en el interior de mis oídos. Se sentían claras las hermosas melodías de violines, violas, chelos y contrabajos, a ratos melodías demasiado lentas que me hacían relajar, y a otros, tan fuerte como un gran terremoto, mientras lentamente seguía descendiendo el columpio de enredaderas.

Me erguí hacia las verdosas cuerdas que conectaban al cielo con la tierra. Me subí, tomé firme las enredaderas y me balanceé como quien lo hace en los columpios de una plaza. Mi corazón bombeaba más sangre de lo normal, podía sentir la adrenalina recorrer por mis venas.

Mi columpio comenzó a ascender, mis pies cada vez se alejaban más del pavimento y me acercaba más hacia el cielo. Desaparecí de la faz de la tierra entre nubes negras llenas de lluvia. No volví a ver la realidad. Me despedí solo con la mirada hacia las magnánimas estatuas que decoran El Cementerio General de Santiago, mientras los épicos sonidos de la orquesta sinfónica se enloquecían tocando para mí. Fue así como llegué a ese nuevo mundo, entre nubes negras y grises, llenas de lágrimas por derramar y para inundar las oscuras calles de Santiago, como en todos los inviernos.

Darkenia

Paz Oyarzún